2017-01-18

Itzulpen eskasa ala elebakar? / ¿Mala traducción o monolingüe?

Kirol-erakunde batek egindako karteletan euskarazko bertsioan agertutako huts galantak ikusi izan ditut azken boladan; alderantziz izatekotan, gaztelaniazkoan alegia, seguruenik ez ziratekeen horrelako kartelak auzoko hormetan jarriko.

Itzulpena ez da nire lanbidea, badakizu; bai, ordea, noizbehinkako zeregina, laguntasun kontuengantik sarri. Izan ere, askok badakite euskara eta gaztelania ezagutzen ditudana. Ez da lan erraza, ez horixe. Gainera, hamaika buelta ematen dituzten horietakoa naiz, ea beste hizkuntzan ondo ulertzen den. "Ea testuak korritzen duen" pentsatzen duten horietakoa naiz; pentsatu ez ezik, asmoa indarrean jartzen ere saitatzen denetakoa. Eta, desbiazio profesionalaz edo, besteek egindakoak konparatzeko joera ere badut.

Hortaz gain, kartelak eta egitarauak itzultzean elebidun plazaratzeko asmoz oreka bilatzea beste alderdi garrantzitsu bat delakoan nago. Bestela esanda, erredundantziak eta errepikapenak gutxitzea behintzat.

Eta hau guztia idatzi eta gero, itzultzaile automatikoen bolada berriaren atarian egon arren (arestian aipatutako egungo emaitza batzuk aztertu ondoren, prozedura zaharra jarraikiz egin direla ematen du) neure buruari galdetzen diot itzulpen kaskar eta begietan min egiten duten horietakoak jarri ordez ez ote den hobe elebakar mantentzea. Beharbada, euskaraz inork gutxi irakurriko baditu ere, edozerk ez duelako balio. 

Azkena: auskalo zer gerta daitekeen elkarrizketak ia bapatean itzultzeko prestatzen ari diren sistemekin (Iturria: El País), itxuraz itzulitako txioetan ere huts "dotoreak" baldin badaude. 

No soy traductor, aunque a veces, por razones de amistad generalmente, me toque traducir algunas cosas; a estas alturas de la vida es difícil esconder que me defiendo en euskera y español, e incluso puede funcionar conmigo el "a que no..." o apelar al corazoncito.

No es fácil traducir, traducir bien, que "corra" en los distintos idiomas, a pesar de los avances en traducción automática. Al menos, no lo es para mí, y, además, soy de quienes dan unas cuantas vueltas a los textos. Cuando se trata de carteles y programas existe otra dificultad añadida a mi entender, y es que no resulten reiterativos, pesados, redundantes en la información que se da, sin perder calidad. En ocasiones, quién sabe si por deformación profesional, tiendo incluso a comparar versiones realizadas por otras personas.

Y, en éstas, te encuentras con carteles de cierta entidad deportiva en los que hay errores de bulto en la versión de euskera (de haberlos cometido en la versión española es posible que no los hubiesen colgado en las paredes del barrio). Piensas si han tirado de corrector automático sin más. Y te preguntas si no es mejor que sean carteles monolingües (sujetos a crítica por ello) que bilingües con evidentes incorrecciones (la crítica vendrá de algún pesado como yo, en todo caso).

O te pones a pensar, visto que en tuits pasa algo parecido con el nivel de traducción, qué resultado darán esos sistemas que traducen casi al momento conversaciones (vía El País); eso sí, los interlocutores deberán conocer al menos un idioma cada uno ¿no?




2017-01-16

Una anécdota sobre Ramón Pérez Juste

Me enteré por el blog de Lorenzo García Aretio del fallecimiento de Ramón Pérez Juste, profesor de larga trayectoria y currículum, y a quien tuve como profesor en mis estudios de licenciatura en la UNED, allá por segundo de carrera en la asignatura de Pedagogía Experimental II. No tuve tanto trato con él como Lorenzo; aún así, no me resisto a contar una anécdota, que puede ilustrar cómo era.

Eran años en los que en la UNED funcionaban los cuadernillos que cumplimentábamos los alumnos, que se enviaban y recibían en ocasiones por correo postal; en los que la comunicación síncrona, si no era con el tutor del Centro Asociado, se realizaba por teléfono con la Sede Central. Y, en una de éstas ocasiones, me topé con el profesor Pérez Juste.
Lo cierto es que debíamos de hacer algunos trabajos en la asignatura, y, como quiera que se me pasaron los plazos para hacer alguno más sencillo, me tocó bailar con el más complejo: se trataba de un análisis factorial. La experiencia del curso anterior no había sido buena con los trabajos de mi Centro Asociado, y habían recibido la "bronca" correspondiente tanto alumnos como tutor. De modo que cuando me enfrenté con el trabajo y llegué a ciertos problemas, no me quedó otra opción que llamar a la Sede Central. 

Estas llamadas no siempre eran sencillas, porque tenías que poder contactar con el profesor el día que le tocaba guardia, no siempre estaba ni contestaban directamente... Es más: en este caso, dado el profesor titular era Pérez Juste, renombrado, reconocido y con distintos cargos, supuse que cuando llamara hablaría con algún becario o similar, no con el catedrático y titular de la asignatura. Para mi sorpresa, la llamada la respondió alguien con rapidez y me dijo algo así como "soy el profesor Pérez Juste". 

No supe cómo empezar la conversación; todo lo que había pensado se me vino abajo. Así que empecé a balbucear que qué bien, que qué alegría hablar con él, que había leído unos cuantos de sus libros y artículos (era cierto, jeje)... Le planteé que tenía un par de problemas con el trabajo, que yo había ubicado en mi entorno laboral con datos reales de resultados de exámenes. Por un lado que me resultaba imposible hacer los cálculos a mano pero que tenía quien podía ayudarme; por otro lado, de mis primeros pasos, parecía que no me iba a cuadrar mucho con la parte vista en teoría. Su respuesta tampoco la olvido: que con que mostrara que sabía hacer cálculos sencillos era suficiente y que era lógico y normal tener apoyo informático; asimismo, que no me preocupara si no cuadraba todo de manera perfecta, pues era lo que sucedía en la realidad con frecuencia al investigar, y que sí tratara de explicar bien los resultados. Es más, me comparó mi actitud y dudas con los resultados "tan perfectos" de mis compañeros de Centro Asociado del curso anterior, que daban a entender que eran datos imaginados.

Me dejó más tranquilo, y con esa breve charla me dio unos consejos que me han valido luego a lo largo de los años posteriores. Por cierto, sí, me puso muy buena nota en el trabajo.

Descanse en paz.

2017-01-13

Fran Espinosa y María José Hernández, Su voz

Parece propia de la época una canción que en su primera estrofa diga que "su voz me abraza entre sus acentos me trae la primavera en este triste enero" ¿no? Se trata de un tema con letra de María Casado y música de Fran Espinosa, compuesto en 2012, y que se puede encontrar en el álbum "Manual de Instrucciones" (como "Lo olvidé").

La canción se basa al 100% en un relato corto escrito por María a finales de 2010, titulado "Su voz que me abraza". Cuenta Fran:
"Me costó mucho cantarla, ya que la letra habla de mí (María y yo somos pareja), es por eso que decidí que me acompañara una mujer y para eso, la mejor era María José Hernández, una de las cantautoras que más admiro y buena amiga. En 2008 hicimos juntos una gira por México en la que hicimos 6 conciertos juntos."

El vídeo recoge al principio el relato corto y a partir del minuto 2:32 la canción.



Su voz me abraza entre sus acentos,
trae la primavera en este triste enero,
me inunda hasta dejarme sin aliento,
enreda viejos poemas en mis dedos.

Su voz golpea mis cerradas ventanas,
barre ruinas y cenizas de mi suelo,
trae la salida que encontré en el mapa,
y perdí en un recodo del invierno.

Su voz en mi llanto, su voz mi refugio,
su voz sin los Santos, su voz siempre amada,
su voz tanto y tanto, su voz sin esposas,
su voz como un árbol, su voz me desnuda,
su voz transitando, su voz pinta nubes.

Su voz me empuja a aquella batalla
que olvidé cuando aún quedaba un asalto.
Hace tiempo que ya nada esperaba,
tras años bañados en el llanto helado.

Su voz se abrió y yo me creía de vuelta,
no preguntaré cuánto va a quedarse
porque temo pasear otra vez con la pena,
pisando sus cristales por el parque.

Su voz compañera, su voz tricolor.
su voz por bandera, su voz de los parias,
su voz de cualquiera, su voz que me gira,
su voz que me lleva, su voz que me tuerce,
su voz que me vuelca. su voz sin derecha.

Su voz esperada, su voz casi todo,
su voz descarada, su voz al fin libre,
su voz olas blancas, su voz dulce roca,
su voz entregada, su voz siempre honesta,
su voz en mi cama, su voz y nada más.

2017-01-11

Agustín Murua, un químico de nivel

Como ya te contara en los inicios del blog, suelo decir que soy medio químico; o químico incompleto, pues me quedé a un pasito de conseguir la licenciatura en Ciencias Químicas. Es más; aunque se diga eso de "nunca es tarde si la dicha es buena" y que en si día dijera que acabaría la carrera cuando mis hijos estuviesen en la universidad,  me temo que el plazo está a punto de vencer.

Pero ha habido otros Muruas químicos, claro, y muy especial debió de ser Agustín Murua, quien llegara a ser catedrático en la Universidad de Barcelona, y de quien leí en Zientzia Kaiera que fue uno de quienes defendían allá por 1916 (hace cien años, nada menos) la creación de una universidad vasca basada en un modelo más internacional, y no tanto en el del entorno más cercano.

Por cierto, lo conté en ese grupo de Facebook, "Muruak mundu zabalean / Muruas en el mundo/ Muruas in the world" que creara hace bastante tiempo, y hubo una respuesta de una usuaria que escribió ser bisnieta del hermano de Agustín.

Zientzia Kaiera blogean argitaratutako sarrera baten bidez izan nuen Agustin Murua Valerdi kimikari bizkaitarraren berri. Argi dago bere arrakasta eta itzala; nire ibilbidea kimikaren munduan aspalditxo geratu zen geldi, nahiz eta karrera bukatuko nuela agindu. Eta deigarria da bere aldarrikapena duela mende bat pasatxo, Euskal Herriko Unibertsitatearen alde, eta nazioarteko ereduari jarraikiz gainera.

Beste bitxikeria bat: Facebooken sortu  nuen "Muruan mundu zabalean" taldean eman nuen horren berri, eta Agustinen anaiaren birlobetako batek erantzun zuen. Mundua ez omen da horren handia.

2017-01-09

Así fue, y así se lo contamos

No recuerdo en qué programa de televisión lo decían, o incluso si es la frase exacta que utilizaban. Pero está claro que puede tener su utilidad para referirnos al contexto en el que nos estamos moviendo, como me han mostrado distintos hechos de estos últimos días.

Discutíamos en el Txoko (en el real, no en este pequeño espacio del ciberespacio) sobre Twitter. Había quien proponía, directamente, que debería prohibirse. El argumento era que cualquiera puede escribir lo que quiera y que la mayoría (no se incluía en la mayoría quien lo decía) se lo cree. Está clara la necesidad de literacidad crítica, de la lectura crítica de imágenes, del pensamiento crítico en la era digital como escribe Lorena Fernández. En todo caso, "poder decir cosas" no es exclusivo de Twitter, esa especie de speakers' corner global, más allá de que se pueda ser un mindundi digital (concepto que acabo de leer a Lorena) sin capacidad de influencia. Y lo de creer como cierto lo leído es un fenómeno que no solo sucede en Twitter, claro; ocurre en (casi) todos los entornos.

Porque parece, por ejemplo, que lo que ha sucedido en un acontecimiento deportivo (o el programa de turno) solo es verdad si se ha visto (y repetido) en imágenes, aunque sean imágenes elegidas y tratadas. No hablemos ya del tratamiento de imágenes con herramientas tipo Photoshop, o con "trampas de los cantantes hoy en día" como contaban en Microsiervos.
Y no solo en la Red. Recuerdo haber trabajado en una asignatura de licenciatura con Roberto Aparici, ejercicios de comparar noticias e imágenes de un mismo hecho en distintos medios de comunicación escritos, con distintos titulares, fotografías. Y en otro ámbito, como recordaba Julen Iturbe-Ormaetxe, también había viralidad antes de Internet (hoy, por ejemplo, no sé por qué me he despertado con un latiguillo de anuncio "Gabardinas el Bocho, en San Francisco 28"). O se contaba (supongo que no sería leyenda urbana), de un retardo en retransmisiones televisivas (tras hechos como el lanzamiento a lo bonzo de Joseba Elosegi ante Franco en un campeonato mundial de pelota) para evitar "sorpresas".

Vamos, que podía haber titulado el post "egia da [es verdad], neuk ikusi dudalako, porque lo he visto yo", que cantara Oskorri. Pero no olvidando preguntarte quién, cómo, dónde, cuándo, por qué, te deja que lo veas.